Por Zoe Schulz, myGwork
Desde monjas lesbianas hasta emperadores gays y la gran artista y referente bisexual, Frida Kahlo, México es un país donde la diversidad LGBTQ+ ha estado presente con fuerza, a pesar de que no siempre haya sido un entorno acogedor. La batalla por los derechos del colectivo es parte de una historia de resiliencia y fuerza de la que se puede aprender. Además, si alguna vez te has preguntado por qué el número 41 es un tabú, te invitamos a seguir leyendo.
Remontándonos a la era precolombina, en los territorios que hoy se conocen como México es difícil encontrar información exacta sobre las personas LGBTQ+, dado que la evidencia histórica es escasa y a menudo resulta difícil de interpretar. La mayoría de los testimonios son de autoría de los conquistadores españoles, quienes acusaron diversos casos de sodomía, casi siempre desde una perspectiva negativa y manipulado para justificar la invasión, destruyendo algunos registros históricos. Por esta razón, se hace casi imposible distinguir lo que son hechos y lo que es propaganda.
A pesar de esto, existe la creencia que los pueblos originarios de América habrían tenido una mirada abierta sobre la sexualidad y el género y que ésta se ha heredado a la perspectiva de las comunidades actuales, las que conciben el género como fluido e incorporan una tercera categoría, como las Muxe en la región zapateca.
El pueblo maya fue uno de los dominantes en esta área, desde el año 1800 anterior a esta era. En su apogeo, se cree que su imperio alcanzaba al menos 40 ciudades, con una población de 2 millones de habitantes. Sus comunidades eran fuertemente religiosas, con una mitología y unos rituales que jugaban un papel fundamental es sus creencias y valores; muchas de estas ceremonias son conocidas por sus matices homoeróticos, en los que los chamanes mantenían relaciones sexuales con sus pacientes y los sacerdotes mantenían actividad homosexual ritualizada con sus dioses. Uno de éstos es Chin, una deidad que habría introducido la homosexualidad en la cultura maya y se vinculó con el amor entre parejas del mismo sexo.
Además, el dios del maíz fue representado como un joven con una expresión de género feminizada y se cree que representaba un tercer género. El historiador Max Mejía apunta: “El pueblo maya tenía una visión más favorable a la diversidad dentro de las comunidades, lo que sugiere que había una mayor tolerancia a la homosexualidad, sobre todo cuando se trataba de rituales religiosos y prácticas artísticas”.

Pintura maya homoerótica en las paredes de la cueva Naj Tunich (Guatemala)
Tras el maya, el pueblo azteca fue ascendiendo hasta convertirse en una de las sociedades líderes a partir de los años 1300. Se trataba de un grupo humano diverso que hablaba diferentes dialectos y consideraba una extensión territorial de numerosas ciudades. Al igual que sus predecesores, muchos de sus dioses y rituales consideraban tópicos homoeróticos. Sin embargo, la homosexualidad estaba castigada por ley y cualquier que fuera descubierto era sometido a duros castigos; a pesar de ello, en muchas áreas del imperio estas leyes eran ignoradas y quienes mantenían relaciones del mismo género podían hacerlo de manera relativamente libre.
La palabra azteca para lesbiana es “patlacheh”, lo que evidencia que existía representación y conocimiento sobre este colectivo, aunque se sabe muy poco sobre las mujeres queer de este período.
En 1519 se inició el proyecto de conquista español en lo que era el Imperio Azteca, lo que trajo enfermedades, colonialismo y una visión estricta y estrecha sobre la sexualidad y el género. Los conquistadores escribieron relatos –que sabemos que no eran confiables y muy posiblemente se trataba de calumnias- sobre “hombres vestidos como mujeres”, describiéndolo como un comportamiento sexual pecaminoso. Lo que sí se sabe con certeza es que, durante esta era, se vivió un recrudecimiento de las leyes contra cualquier orientación sexual o identidad de género que fuera ajena a la heteronormatividad, dando lugar a una cruzada de terror en contra de las relaciones del mismo género y en el genocidio de personas LGBTQ+ conocido como la quema de sodomitas.
Mejía explica que “los conquistadores trataban la ‘sodomía’ como un pecado especial y lo persiguieron y castigaron a gran escala. Se orquestaron cruzadas como la de la Santa Inquisición, que comenzó llevando a sodomitas a la hoguera como una especial ocasión”.
A medida que la colonización avanzaba, las sociedades fueron reestructuradas según las estructuras occidentales de parentesco, familia y género. Esto simplificó la esclavización y opresión de las comunidades, a la vez que eliminaba cualquier punto de vista fluido sobre el género y dejando un sistema en el que los roles estaban basados en la diferencia sexual.
Sin embargo, al igual que en muchas otras partes del mundo, las personas LGBTQ+ continuaron existiendo y, en ocasiones, prosperaron. Juana Inés de la Cruz es un claro ejemplo de ello y una de las más famosas mujeres lesbianas de México. Nacida en el siglo XVI, fue una monja, escritora, compositora, filósofa y poeta que destacó por su visión amplia; por eso, fue apodada como “La décima musa” y “Fénix de México”. Una parte importante de su trabajo literario está compuesto por declaraciones de amor y atracción a diferentes mujeres, y se cree que eligió los votos religiosos para evitar el matrimonio.

Sor Juana Inés de la Cruz, de Miguel Cabrera (1750)
En 1821, México celebraba su independencia de España y, con ello, se liberaba de las cadenas de la opresión colonial. Por primera vez en cientos de años, las relaciones del mismo sexo consentidas entre adultos, dentro de la privacidad del hogar, ya no eran ilegales. Esto no era garantía de que las personas LGBTQ+ pudieran vivir su sexualidad o identidad públicamente, pero se trataba de un pequeño paso adelante en la dirección correcta.
En este período también se vio un surgimiento de líderes con relaciones del mismo sexo particularmente cercanas. El presidente Anastasio Bustamante era conocido por estar siempre rodeado de jóvenes caballeros, con quienes vivía y viajaba a todas partes. Si esas relaciones estrechas fueron románticas es parte de la especulación.
Luego, en 1863, las tropas francesas se hicieron con el país y nombraron a su primer emperador, Maximiliano I, de quien se tiene más que especulación; existe evidencia de era un hombre gay. Su reinado fue descrito como “Reyes que amaban como reinas” y, luego de separarse de su esposa, se decía que pasaba su tiempo junto a compañeros masculinos.
A lo largo de estos años, las personas LGBTQ+ siguieron existiendo dentro de subculturas, viviendo en los márgenes de la sociedad y a la sombra de la vista pública. Sin embargo, una noche de 1902, el destino de 41 personas LGBTQ+ se puso en el foco de la atención. El 17 de noviembre de 1901, la policía allanó una fiesta de 41 hombres que bailaban juntos y vestían ropas del género opuesto. El suceso, conocido como El baile de los 41, fue el primer escándalo de su tipo en recibir una masiva cobertura de los medios. Desde entonces, el número 41 fue visto como un tabú de manera tal que muchos edificios no tenían una planta cuadragésima primera y muchos hoteles u hospitales evitaban tener una habitación 41.

Ilustración del "Baile de los 41"
Hoy, el Baile de los 41 ha sido reivindicado como una representación de valentía y orgullo por muchas personas LGBTQ+. Menos de un país después, se llevó a cabo una redada similar en una reunión de lesbianas en Santa María, la que sin embargo casi no tuvo cobertura mediática ni atención pública.
Por la década de los años 20, vivieron algunas figuras públicas abiertamente LGBTQ+, como el famoso escritor Salvador Noro. Luego, en los años 30, surgió una de las personas bisexuales más famosas del mundo: Frida Kahlo. Esta talentosa pintora, abiertamente bisexual y conocida por su resiliencia y fuerza, exploró a menudo la sexualidad en su obra, rompiendo con los estándares de belleza y cuestionando la feminidad tradicional. Hasta hoy, Kahlo es celebrada en México y alrededor del mundo.

Frida Kahlo y la cantante Chave Vargas, de quienes se rumoreaba que mantuvieron una relación sentimental en la década de los 60
Tiempo después, Nancy Cárdenas se convirtió en la primera mujer abiertamente lesbiana, luego de hablar de su sexualidad en televisión en 1969. Hasta ese momento, la visibilidad del colectivo había crecido lentamente y, con ello, se había manifestado un movimiento social. En los años 70, se empezaron a articular los primeros grupos LGBTQ+ y, en 1978, organizaron la primera Marcha del Orgullo.

Ciudad de México, junio de 1979
Las cosas parecían mejorar, pero el progreso era lento. Esto se aceleró de forma instantánea desde 1980, cuando la crisis del VIH-SIDA golpeó a México. El movimiento LGBTQ+ se vio impulsado a hablar más fuerte y luchar con más fuerza, ante una crisis que impactaba directamente a su comunidad. Se trataba de una crisis sanitaria que persiste hasta la actualidad. Aunque hoy las personas con VIH pueden vivir una vida normal y saludable gracias al tratamiento, las barreras como el acceso a medicamentos, el estigma y la discriminación siguen presentes. Con un número importante de hombres gays y bisexuales y personas trans afectados por este virus, es un asunto contra el que las/os activistas LGBTQ+ mexicanas/os han tenido que luchar por varias décadas y continúan haciéndolo hasta la actualidad.

Día Internacional del Orgullo LGBTI en el centro histórico de Ciudad de México, junio de 2012
Sin embargo, esta crisis puso en marcha a un movimiento que no estaba dispuesto a retroceder. Esto desencadenó no solo la visivbilidad, que había ido en aumento durante los años anteriores, sino que en cambios legislativos concretos. En 2003, se aprobaron cuerpos legales para combatir la discriminación y, en 2007, las uniones para parejas del mismo género fueron finalmente reconocidas. En 2009, en un momento histórico, México se convirtió en el primer de América Latina en legalizar el matrimonio igualitario, a pesar de las resistencias de la Iglesia.

Parejas del mismo género celebran sus bodas en México
Como es posible ver en muchos otros países, los derechos de la comunidad trans en México lamentablemente han quedado rezagados. No obstante, en 2017 una petición iniciada por una persona trans en Veracruz ayudó a cambiar esta situación; la solicitud se creó después de la dificultad para cambiar su nombre y género registral en su acta de nacimiento, a pesar de que esto es posible en 6 de los 24 estados mexicanos. En octubre de ese año, la Corte Suprema del país dictaminó que se trataba de una violación de los Derechos Humanos y permitió el cambio de nombre y género registral.
Aunque el fallo afectó únicamente a la persona que la solicitó, marcó jurisprudencia para las personas que, en el futuro, vieran sus peticiones rechazadas, sentando un precedente y un mensaje de esperanza.
Incluso con estas pequeñas victorias, la vida de la comunidad trans en México sigue estando en peligro en un país que se posiciona como el segundo más mortífero, después de México, para las personas trans. Su actual presidente, Andrés Manuel López Obrados, se ha comprometido a combatir los delitos de odio contra la comunidad LGBTQ+, pero hasta ahora parecen ser promesas vacías. Solo durante los primeros tres meses de 2019, 16 mujeres trans fueron asesinadas, de acuerdo a Associated Press. Diana Sánchez Barrios, activista y líder de ProDiana, un grupo que promueve los DDHH del colectivo, ha declarado: “Es como si (estuvieras) en juicio siendo declarada culpable por ser una mujer trans. Siempre somos las más vulnerables, el blanco perfecto para la discriminación”.

La activista trans Diana Sánchez Barrios, en Ciudad de México
Sánchez y muchas otras personas como ella siguen luchando en todo México. Otra activista, Kenya Cuevas, monto un coche fúnebre en la Marcha del Orgullo en Ciudad de México en 2021, para llamar la atención sobre la violencia contra la comunidad trans. El acto derivó en amenazas de muerte, pero ella prosigue. “Si no lo hago yo, no lo va a hacer el gobierno” ha dicho Cuevas, agregando que “si espero a que el gobierno haga algo, ¿cuántas personas más van a ser asesinadas?”.
Aunque la batalla por la igualdad para las personas LGBTQ+ continúa y aún queda mucho por cambiar para que puedan vivir libremente como ellas mismas, México tiene una rica historia de referentes del colectivo, muchas/os de quienes continúan inspirando y empoderando a otras/os alrededor del mundo.